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La sombra

Atrapo un límpido recuerdo,
bahía serena de nuestro secreto.

Sólo mi alma conoce la llama
que prendió mi amor en ti.
Sólo mi espíritu refleja la mirada
que refulgente canalizabas en mí.

Como el unicornio canaliza la magia,
la energía de la naturaleza, y de la tierra el ánima,
así era amada yo con tu sensual cuerno,
y las descargas al rozar el fondo animaban
un nervio que recorría entero mi cuerpo.

Escalofríos tenía de placer intenso como ondas
y nublada la mente por amorosa profundidad.
De mi boca suspiros y en ella tus besos.
Dentro, muy dentro, el deseo concentrado,
explota con el recuerdo ahora, reverbera,
y largo tiempo yo… me elevo.

Mis brazos rodeándote con fuerza te atraen,
pero ya la neblina de mi mente se ha despejado
y un frío repentino me trae de nuevo la soledad.

Reparo, dolida, en que le estaba dando un abrazo,
mi ansiado abrazo, a una sombra.

No hay pureza si el amor se envuelve en sombra,
ni vive la confianza si en el húmedo beso
se deshace tu lengua en finos hilos negros
y se evapora igual que tus dedos en mi cuello.

En mis sueños aún eres también una sombra.
“Cariño, vuelve conmigo y deja de ser sombra, -te digo-,
que quiero vivir a tu lado y respirar siempre tu aroma”.

Cursilada

Tan sencillo como ser gorrión. Pequeñito y nervioso, da cortos saltitos en el suelo, pía en los árboles o revolotea agitando rápidamente sus alas.

-¿Quieres volar conmigo?

Poder hacer esta pregunta al pajarito con el que deseas compartir tu vida, y que éste descienda desde la rama donde se halla posado y dancéis en círculos, juntando los picos de vez en cuando. Luego compartir los bichitos y los gusanos, construir un nido entre los dos...

¿Habrá algo más lindo? Quién fuera gorrión...

La superficie del mar en su pelo

   En el compás de las luces y las sombras, los timbales y flautas, los latidos de su corazón se unían con ansias de libertad al envolvente baile. Para aquella joven encandilada por la atmósfera de esa danza ritual aquella era una de las mejores formas que existían de rescatar sus pasiones y lanzarlas al exterior, refulgiendo como una estrella.

   Si bien el juego de las llamas, también danzarinas, acariciaba su rostro haciendo compañía a su rubor, la propia aura de la joven parecía brillar y destacarse de las demás. Estaba entregada en cuerpo y alma. Nada cruzaba por su mente salvo el ansia cegadora de seguir bailando. No importaba nada más que ese momento, el cual pertenecía solamente a ella, y daba buena cuenta de estar disfrutándolo al máximo.

  El vestido verde esmeralda dejaba al descubierto la mayor parte de sus brazos y escote, donde se agitaba un pequeño colgante enredándose a veces en su pelo. Un cinturón de cuero con hebras plateadas ceñía sin hacer demasiada presión el vestido a su cintura, y sus pies descalzos se descubrían cuando se remangaba un poco los bajos del vestido.

    Los ojos del que la observaba se posaron entonces en su cabello oscuro, y pensó en lo poética que le resultaba aquella mujer, pues, disminuyendo ella el ritmo de sus giros y saltos, su cabello ondulado seguía danzando; la parte interior más espesa y quieta, los mechones exteriores deslizándose con suavidad, como se desliza la superficie del mar cuando éste es agitado por una leve brisa.

    La belleza, lo femenino y lo espiritual unidos en un cuerpo poseído por la música. Lo primitivo y lo salvaje, una danza alrededor de una hoguera junto con la gente de la aldea, los aromas estimulantes, el homenaje a la naturaleza en su estado puro, la esencia y pureza del bosque, todo ello espectáculo de éxtasis, bella exaltación del ánimo más tribal. 

    Si aquella mujer era una diosa, entonces él rendiría culto a la magia que la envolvía, y alimentaría su admiración por ella que, lejos de inclinarse hacia lo carnal, se asemejaba a cuando un hombre contempla la infinitud del firmamento mirando al cielo en una noche estrellada.  Por ello, se deleitaría con ella silenciosamente como señal de respeto a su trance, que él no interrumpiría como un inoportuno intruso. Existen cosas que, sencillamente, por alguna razón son inalcanzables.


A qué sabe la piel de este amor

Qué condena la lentitud del paso del tiempo
cuando la vida, por dentro, me desgarra.
Algo se rompe en mis entrañas, allá donde el corazón:
es el desvanecido halo de esperanza
que con mimo y dedicación atesoraba.
Es el único claro entre las densas nubes venideras.
Es la historia de dos amantes entregados.
Todo ello se hace añicos, allá adentro, en mi alma.
Se rompe y yo creo que mi cuerpo se va a romper también
en pedacitos de alma, triste y desamparada.

En los ojos de las personas tristes habita la melancolía de lo perdido,
en la voz rota de los atormentados se nota el dolor de la existencia,
es amargo el sabor de las palabras de los que viven con el castigo.

Cómo la felicidad es absurda hasta rozar la ficción,
y la razón humana está creada para descubrirlo.
Entre gritos y sacudidas los momentos de paz
se hacen preciados para el caminante solitario.
Y tú desde las sombras apareces para cortar mi aflicción
para luego irte tal como llegaste y que yo de soledad me haga un diario,
porque ni quieres mi compañía, ni soportas mi ausencia.
¿Y yo aquí, entera para ti y fiel como una perra?
No. He estado largo tiempo, aún permanezco, pero sabe
que de encima me quiero sacudir este frío y esta pena.
Mi mirada enamorada tiene un fin; si así lo quieres, advertido quedas.

Lo que sólo Tú


Eres pura contradicción para mí,
eres lo más bonito y valioso,
eres lo más doloroso y horrible,
eres cercano y a la vez ajeno.
Eres para mí y nunca serás mío,
porque me amas pero no me necesitas,
me cuidas con delicadeza y me hieres
profundo, con tus pensamientos y palabras.
Eres fuente de admiración para mí,
tu personalidad es arrolladora,
tu cuerpo causa de deseo, tus labios de pasión,
tu olor pozo sereno, tu tacto agradable caricia,
placentera tu mirada posada en la persona que anhela
que te eches en sus brazos.

Ansiando esta mujer que la dejes amarte,
ella vive con el dolor de saber que tu pérdida
no tiene solución, aún a sabiendas de que haría cualquier cosa
por conseguirte. De haberla, oh, sin pensarlo se lanzaba.

Puedo evocar de los recuerdos de cuando estaba contigo
momentos, días incluso, de los más maravillosos que he tenido
oportunidad de vivir en toda mi vida; contradictorio que también
cuando entras en mi mente es para despertar un sentimiento
de ansiedad, oleaje interno que agita mis entrañas y saca a flote
los más perturbadores sentimientos que creía estar capacitada
para padecer. Cuando la mar interior está demasiado revoltosa
por ti, fuerte viento del norte, potente vendaval que arrastra
atrayendo y lanzando lejos, entonces, parece que mi alma encerrada
sin aire ahí dentro va a ahogarse, mareada y desorientada.

Ocupada en la batalla que se libra para tratar de no sucumbir
en el oleaje, camino con mucha dificultad al soportar
esa poderosa  carga y, en lugar de odiar a ese dios del viento
soy encandilada por su fortaleza y espíritu, lo admiro hasta
perder la cabeza por él, lo contemplo como lo más bello
existente sobre el planeta, y aún a pesar del dolor que siempre
me causa, nunca lo haría desaparecer de mi vida ni querría
lograr olvidarlo, porque sería matar una parte de mí misma,
secar una parte que me fue entregada a él por amor sincero
y que no puede ser desprendida.

Aquí es cuando de verdad comprendo que mi enamoramiento
es verdadero, cuando hay contradicción por mi cuerpo al
anhelar la cercanía a algo que me daña, cuando lo más sencillo
sería dar media vuelta y escapar con el miedo en la sangre.
Cuánto me gusta la palabra “sangre”. Sangre la mía embadurnada
con tu ponzoña desde que lograste que mi corazón te perteneciera
y con él, entera yo.


La cura


Quisiera ya dar con la mágica cura
que pusiera fin a lo que mi alma padece.
En esta tormenta navegar más no me apetece,
por mares cuyas aguas sólo son una mala aventura.

¿Dónde se encuentra tal remedio?
¿A qué siniestra bruja le podría pagar?
¿Cuál es el bosque donde hay de amores un cementerio?

Una sombra agria quiere de mí estar triste.
En cada paso me rodea con su abrazo de pesar,
como un velo que oculta el mundo a mis ojos,
ojos tristes de los que se derrama un mar triste.

Bruja, recoge las lágrimas en un frasco de cristal,
hierve en ellas una pizca de soledad,
añade ramitas de muérdago frustrado,
y remuévelo con deseo de mi pecho aromado.
Házselo beber y dile de mi parte: “La perdiste”.

Luego, te pido, haz que llueva, llueva mucho,
agua purificadora con anhelo a libertad,
capaz de calar este velo aprisionador.
Venga, bruja, no quiero esperar mucho, 
hay alguien que de mi tiempo no es merecedor.

Recuerdo lo que hizo con el cáliz de mi sangre,
y tal como las losetas se tiñeron rojizas,
así esa mancha, de todos mis sentimientos es la madre.
Pero, amor, la pasión verdadera y la esclavitud no son mellizas.
No estoy para nadie que no esté para mí,
por eso he pedido ayuda para olvidarme de ti.



De Profundis


Cuántas hendiduras más en mi alma sin coraza,
dardos en forma de palabras.
Cuánto vaivén sin razón ni destino,
chiquilladas, cuadros a medio pintar,
lunas hermosas y solitarias, chapuzones en agua helada,
el alma que tirita, que espera, que aguanta, que traga.

Sentimientos en bandeja de plata.

Tila para el corazón; lluvia para el tiempo.

No volveré a ser el tren que siempre está cuando lo buscas,
la incertidumbre que mordisquea, ni el deseo insatisfecho,
las caricias despreciadas o la voz que no se escucha.
Cansada de la espera demasiado larga, de las mareas altas y bajas
y de las barbillas agachadas.

Tocadiscos en el que siempre suena la misma canción.

Rosas que gritan agua.

Mordisco en la manzana que ahora está oxidada.

Atardecer chorreando sangre,
se recoge tibia para ti en un cáliz.
¿La beberás cuando salgas de la tumba?
Si no la quieres, déjala esparcirse.
Y aléjate.
Y no vuelvas, porque ya tendré nada para darte.

*   *   *

El eco del cáliz al golpear la piedra restalló por los alrededores
mientras contemplaba alejarse a la figura ensombrecida.
Lágrimas de rabia resbalaron por su rostro.
Completamente sola permaneció en el lugar durante largo tiempo,
pues no estaba preparada para alejarse del último recuerdo.
La lucha acababa en derrota y su historia quedaba atrás en el pasado.